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Mostrando las entradas etiquetadas como Pequeños textos

Pequeños textos – Pérdidas

3 de abril Amaneció con un cartón al cuello y tirado en una calle. Se olvidó de todo, hasta del perro que estaría esperando en la oscura vivienda que alquilaba dos calles más abajo. El alcohol lo atrapó, otra vez, y por emborracharse, se juntó con gente no muy recomendable. Se levantó como pudo y buscó su billetera; se dio cuenta que no la tenía, buscó las llaves y sus dedos duros las dejaron caer sobre el cartón haciendo un ruido sordo. Las miró maldiciendo, porque al agacharse, sus piernas, le recordaba que los años no vienen solos. Las recogió y marchó a su casa. Ya llegaría el momento de ir a hacer la denuncia por el robo o pérdida del documento; primero debía asearse y sacar al perro y tratar de encontrar a aquella mujer que días atrás habló con él tan animosamente.

Pequeños Textos – Apariencias

2 de abril  Las botas americanas y los tatuajes del señor que tenía enfrente me hicieron doler la vista. No sabía si madrugar me había hecho bien o si el café mal hecho por esa cafetera vieja y destartalada no me despertó del todo. No lograba entender como había gente que con cierta edad y pintando canas, podía seguir vistiendo como si tuviera 20 años. Los tatuajes… bueno, no había remedio, pero para la ropa sí. Me miré la gabardina y los zapatos;  no creí ir tan mal vestido, a pesar de mi mal gusto para combinar los colores y haberme olvidado de limpiar los zapatos. 

Pequeños textos - Otra mujer

1  de Abril Al entrar a casa y dejar al perro libre de mis manos me miré en el espejo del baño, esa noche supe que un túnel oscuro se avecinaba a mi cabeza. Me cogí con fuerza del lavabo para no caer y la sangre comenzó a congelarse en mis venas cuando me di cuenta que no sabía que tenía que hacer. Por un momento no conocí ni mi propia cara en esa superficie pulida, en donde la bombilla colgante del techo incidía en reflejar algún rasgo de mi perfil. Comprendí que las lagunas mentales existían y me senté en el borde de la taza del váter. Una vez repuesto me acordé de la conversación que mantuve con mi compañero de trabajo, que llegó a ser casi una discusión. En donde él afirmaba que esa oscuridad es absoluta, cuando pasa eso de las lagunas mentales. Pero yo, ignorante de mí,  le discutí hasta el cansancio de que eso no existía y que se las estaba ingeniando para negar lo que realmente le ocurría a él desde que lo dejó la mujer, soledad, un mal divorcio, en fin las cos...

Pequeños textos – El heredero

31 de marzo  Cuando salí del trabajo ya me había olvidado de lo bien que había despertado esta mañana y de la voz serena que me ayudo a dormir. Y no era para menos, la charla que mantuve con mi compañero de trabajo hacía que mi cabeza no parara de pensar. Me había dicho que tener un heredero era importantísimo y yo no tenía a nadie. Comencé a andar cada vez más rápido por las calles, trastabillaba queriendo huir de mi mismo, de mis pensamientos, de las palabras de mi colega. Me daba temor saber que andar por la vida solo era como si en un anochecer no hubiera sombras o fuera perjudicial para mi salud. Llevaba meses que el quejido no se escapaba de mis labios y me molestó que volviera de esa manera tan abrupta. Me senté en un banco del parque infantil que está cerca de casa y comencé a divagar con los ojos clavados en la arboleda que circunda el parque. Mis pensamientos flotaban por el aire y volvían a mí trastocando el saber de no tener heredero. ―A ver si voy a enferm...

Pequeños Textos - Resaca

30 de marzo  La resaca no me dejó tregua y en la oficina el silencio daba cátedra de profesionalidad, cosa que a mí me faltaba. Ya sé que la bebida no es la solución para todos males. Eso me lo dijo el padre Darío y también mi amigo, que no hace más que mandar audios de apoyo emocional. Tampoco había tanto para semejante resaca, me dolía todo el cuerpo y más que una resaca parecía una gripe lo que estaba pasando. Dejé el bolígrafo a un lado y con curiosidad comencé a observar cada rincón de ese cuarto que albergaba día a día a cinco empleados incluido yo. Parecían cuerpos llorosos donde los discursos se encerraban en sí mismos para luego marcharse con gestos dubitativos. Lo que no podía entender es que si yo estaba curado de espanto y ya ni siquiera gruñía, por qué me molestaba la presencia de ese silencio. Era como un mutismo sordo que me hacía doler la cabeza y cada vez el rencor de no saber por qué, crecía con más fuerza en mi interior.   Con esa actitud de fasti...

Pequeños Textos - Recaída

29 de marzo  Después de una jornada intensa y pesada en la oficina, llegué a casa. Me acordé de la botella de vino tinto que guardaba en el armario. No sabía si estaba bueno o no, me serví un trago largo que disfruté pausadamente, el vino conservaba su cuerpo, color y trago y trago bebí  la media botella.   La falta de costumbre me trajo una pequeña embriaguez y un sueño profundo que me hizo olvidar por una noche de la gran desdicha.

Pequeños textos – Cosas nuevas

28 de marzo Días como hoy que me levantaba deseoso de cariño, me arrepentía de haber apartado a María de mi lado. Porque eso pasó, más que abandonarme, yo la alejé. Tenía una sensación rara en mi cuerpo, los años compartidos con ella se hacían notar y el agua de la ducha se clavaba en mi piel. Me hacía tiritar el deseo, no podía dejar de sentir la necesidad de estar con ella. Cuando me pasan estas cosas me cuesta pensar en otras cosas y relajarme. Giro el grifo y el agua sale más caliente y creo que una vez más lograré aflojar todos los músculos del cuerpo. Al salir el gris de la calle se instaló en todo mi organismo. El frío calaba mis huesos, pero tocaba calle y clientes que visitar así que; apresuré el paso y poco a poco fui entrando en calor. Mientras caminaba hacia el primer cliente pensaba en lo cansado que estaba de estar solo, en tener que encender la televisión para desconectar mi cerebro y poder dormir. Tampoco quería volver a caer en la bebida para tapar la soledad...

Pequeños textos – Llamada no deseada

27 de marzo  El último día de la semana traía una mañana con aire sucio. Las bolsas de plástico volaban al igual que mi chaqueta según iba caminando por la calle. Hoy era día de oficina y al sentarme a mi mesa  me di cuenta de que nadie contestaba el teléfono que estaba en un rincón de la sala. Posiblemente era alguna reclamación y nadie quería hacerse responsable de semejante llamada. Últimamente la gente solo llamaba para quejarse.   ―¿Qué gano yo contestando el aparato? ―me pregunté poniendo  en tela de juicio las ganas que tenía de contestar―. Después de la charla del jefe eso sumaría puntos ―pensé. Me levanté de la silla y caminé hasta el teléfono, lo miré con el ceño fruncido hasta que dejó de sonar. A la hora de comer fui al bar de costumbre y pedí lo de siempre: un refresco y un bocata de lomo con pimientos. Manolo al verme entrar me saludó con un gesto que devolví con desgano. Como soy un cliente habitual, él ya tenía hecho y caliente el bocata. ...

Pequeños textos – Propiedad ajena

26 de marzo  Al llegar a casa me sentí como si estuviera invadiendo una propiedad ajena. Todo el día me sentí así, forastero, como si estuviera irrumpiendo territorios que conocía de sobra. Encendí el televisor las noticias comenzaron a machacar mi cerebro. Acusé a todos los que salían en el noticiero por ese sentimiento destructor que me acosaba. Hoy además de clientes disgustados por el mal servicio que daba la empresa donde trabo, tuvo que aguantar el mal humor del jefe, que no hacía más que quejarse por que las ventas habían bajado en lo que va del mes y no sabía lo que iba a hacer el mes próximo. Posiblemente cayéramos algunos en un ERTE. Pero según los trabajadores más antiguos, el jefe siempre se quejaba y al llegar el último día del mes, les narraba los cambios que levantaran la empresa al mes siguiente. Luego de cenar el bocata de atún que compro en el bar de Manolo, me acosté y no apagué la tele. Le dejé el volumen bajo para que actuara como un sedante. ...

Pequeños textos - Bondad

25 de marzo Salí del trabajo y decidí caminar hasta casa. Hoy hace frío, no parece que fuera primavera y al doblar la esquina me encontré con el mendigo del otro día, seguía en el mismo lugar, al lado de las escaleras de la iglesia. Al verlo, comencé a pensar en mí y en cómo  hubiera terminado yo si no me hubiera apartado del alcohol, las maquinetas y las mujeres oportunistas del bar de Manolo. Le debo tanto al padre Darío y a sus charlas, si no me hubiera acercado a él, estas adicciones, estos vicios que terminaron con mi matrimonio también, hubieran acabado con mi vida. Hay mucha gente que duerme en la calle, la situación de pobreza es cada vez más evidente en este país. Se tapan con cartones y están en los cajeros y esquina de la cuidad. Cada vez que los encuentro les doy algo, aunque sea lo único que llevo encima como comida, dinero, en fin aprendí a compartir lo poco que tengo, hasta regalé la manta gruesa que me dio mi madre a una señora que estaba con su pequeño en...

Pequeños textos - Pecados

24 de marzo Cuando me abandonó María, comencé a acercarme a Dios y poco a poco fui creyendo en él. Me acerque más cuando esa voz de mi cabeza comenzó a decirme que debía controlar mi ira, que debía de cambiar. Una vez a la semana iba a misa, eso me reconfortaba. Me creía un blasfemo porque siempre se me va la boca ante las injusticias, porque mis viejos pecados me persiguen haciendo que recaiga en el alcohol más que en otros vicios. Hoy entre en silencio al templo. Arrodillado frente a Dios me arrepentí de mis pecados y recordaba las épocas de borracheras y el dinero malgastado en las maquinetas. Esas dos lacras me dejaron casi en la miseria y sin María. Por no hablar del dinero que gastaba en esas chicas que frecuentan el bar de enfrente del trabajo. ―¿Cómo me dejaba engatusar y engañaba a mi mujer sin pensarlo demasiado? Nunca voy a entender por qué actuaba así―, le contaba a Dios. El padre Darío impartía unas charlas en la parroquia y gracias a ellas y a la ayuda del pa...

Pequeños Textos – Indignación

23 de marzo  Me sentía cansado e indignado y me comparaba con los perros de la película que estaba viendo. Estos tiraban de un trineo repleto de cosas que gobernaba un señor que no hacía más que silbar y dar  latigazos al aire maltratarlos. Al llegar al destino los perros se tiraban en la nieve a esperar a que ese señor malhumorado y de cara poco amable, se dignara a darles algo de comer. Comprendí la mirada canina, en especial la del cansancio, la del hambre y resignación. ―En casa no hay amo ni comida en exceso, solo un bocata de atún que le sobró del medio día― reflexionaba mientras se cepillaba los dientes en ese cuarto de dos por dos que albergaba una ducha, un retrete, un espejo y la pila; donde se afeitaba y lavaba su cara cada mañana antes de ir a trabajar―. Me considero un hombre paciente y puedo esperar días enteros. ―Tú genio a veces no te acompaña Aníbal, tienes que dominarlo para llegar a ser paciente del todo ―le dijo el espejo que siempre le mostraba s...

Pequeños textos – Máscara

22 de marzo  ―¿Dejar de sentir para parecer normal o dejar de parecer normal para sentir?, he aquí el dilema― reflexionaba frente al espejo del baño―. Un lobo con piel de cordero, así me llamaron una vez ―. Me miraba de soslayo como para encontrar esa máscara o disfraz  que me identificara, pero nada, no había manera de encontrar respuesta. ―Tú, no eres así, Aníbal― le dijo al reflejo del espejo. ―Ya lo sé no me siento así y tampoco quiero ser así día tras día. Quiero ser YO.

Pequeños textos – Ira retenida

21 de marzo  A veces parezco un hombre de mediados del siglo XIX, tan correcto, obediente y humilde. Y otras un puto loco, donde mi ira llega a puntos extremos y es difícil de controlar. Trabajo sin descanso y gano o mejor dicho gasto, lo justo para mi sustento este hecho creo que me hace diferente. Además me siento bien y alegre cuando me siento útil y puedo servir a otros. Pero no puedo dejar de sentirme acosado por esa falta de respeto o de ética por los pensamientos de otros. Hoy la humillación llegó a mi ego más profundo, maldije mi propia vida y la mala suerte que había tenido durante años. Logré la calma cuando ya estaba en la cama; acompañado por mis pocas pertenencias y arropado por casa que alquilo. ―Mañana será distinto― se dijo y una voz dentro de mi cabeza no paraba de recordarme que la lucha por ser distinto, debía de continuar.

Pequeños textos – Descontrol

20 de marzo Me dominó la ira y estuve a punto de arrojar lo poco que tenía al cubo de la basura. Su estallido no me dejaba pensar con claridad y todo se hizo cuesta arriba, desde el papeleo de la oficina hasta las calles que me llevan a casa.    Me frené en el último instante. No podía deshacerme de todo solo porque un señor se había burlado de mis ropas o porque él día en la oficina había sido un desastre o porque María me había dejado por otro. Volví a acomodar las cosas en el armario y me acordaba de las cosas que realmente me hacían feliz, como dar paseos y disfrutar de una tarde en el parque, hace mucho tiempo que eso no lo hago y la verdad que no encuentro el momento ni la hora adecuada para salir.   ―Tengo que dominar mi carácter y dejar de compadecerme de mi mismo― me dije mirándome en el espejo del baño. El tiempo y los años me daban un parecido a mi tío, el hermano de mi madre y me di cuenta, que una parte de mí se parecía a él. Era esa parte de mi...

Pequeños textos - Aceptaciones

19 de marzo    No tenía sueño. Me encontraba tumbado en la cama mientras reflexionaba sobre mis valores. Siempre creí practicar la humildad y ser generoso con los demás me hacía sentir diferente. En algunos aspectos me parecía a mi padre y eso, me llevaba a situaciones incómodas. Como cuando ese señor tan estirado y tan bien vestido me echó de aquel portal de mala manera burlándose de mis ropas. Lo empujé, se manifestó  mi agresividad, el lado oscuro de mi padre. Luego me arrepentí y gracias a Dios solo quedó en eso, un empujón. De camino a casa reflexioné: Pero qué tienen mis ropas, son un poco viejas, ya lo sé, sin embargo es cuestión de tiempo lo que tardaría en comprar cosas y ropas nuevas. Me eché a reír con el sólo hecho de pensar, en el poco dinero que tenía en los bolsillos y en las cosas que poseía, que también eran pocas, pero ganadas con el sudor de mi frente. Miré la manta que me abrigaba y me acordé de aquella mujer a quien regalé la manta gr...