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Mostrando entradas de febrero, 2014

Espejos Convexos

Poema  10



Tantas veces me dije: -no lo haré-  y cuando llegó el momento, tropezó la piel con el pensamiento. Saltó a escena el milagro de la vida.   Cada partícula de mi cuerpo se cristalizaba al paso de sus caricias. Iba descubriendo a la mujer que  la fosa del tiempo ocultó con sus tallos. Bebí  las gotas de placer que escapaban de su cuerpo. Nos reflejábamos el uno en el otro.  Nos confundía la imagen con distintas caras,  guardando  el orgullo bajo la piel.
Llegue a sentirlo tan mío, que era imposible realizar lo que la mente repetía: -Retrocede, retrocede- Pero sus besos eran dardos contra el pasado. Y el pasado, jugaba a ser polvo para  mezclarse con el aire y alejarse con el recuerdo. 
Graciela Giráldez- Poemario "Espejos de Papel" año 2012

Desperté… era un sueño

La lluvia cae apresurada. Un cielo furioso reclama la atención de un perro que aúlla a lo lejos. Yo dormía relajada cuando la tormenta se metió en mis sueños. Me encontré en un cementerio,  donde la  oscuridad  llegaba a mí como fantasmas en mitad de la noche. Caminaba entre las tumbas con la vista clavada al suelo y las manos cogidas en el pecho.  Los pies se hundían en el barro, en el agua y  en el asfalto agrietado. Ramas entrelazadas flotaban en el aire, venían hacía  mí, se alejaban  y volvían como queriéndome atrapar y hacerme prisionera de su juego.  Eché a correr. Finas agujas de agua se clavaban en mi piel, helando la conciencia que aceleraba al corazón. Seguí avanzando, mi piel yerta deslizaba  las lágrimas del cielo que se detenían en la comisura de mis labios, cuando un chirrido sonaba estrepitoso  entre truenos y relámpagos; rompiendo el  cerco de la sombra.   Se iluminó un camino y a lo lejos,  asomaba una puerta. Fui hacia ella sin pensar en nada más que salir de ahí.  E…

Un fantasma en el desván

Se escuchan ecos de fantasmas macabros  en la tranquilidad de la mañana, cuando empiezo a quedarme sola. Brotan del café, de la silla, se dibujan en la pared y hasta se asoman por el techo. Ellos saben que estoy aquí, huelen mi miedo, escuchan mi  silencio. Miro por la ventana tratando de distraerme pero… siguen, me buscan, hostigan y hasta no dudan en comentar todos mis movimientos. En un momento creo que están en el piso de arriba. Subo la escalera casi sin apoyar los pies en los peldaños, grito -¿quién está ahí?- no hay respuesta. Se acelera el corazón,  se entumece la sangre y la piel se eriza al coger el picaporte de la puerta del desván.  Sombras, humedad, alientos se aventuran a mi rostro. Enciendo la luz y en la habitación la nada tendida a sus anchas.
Graciela Giráldez – Octubre 2012. giraldez_graciela@hotmail.com
Publicado en la revista Brotes digital nº 18 Diciembre del 2012