
En un momento creo que están en el piso de arriba. Subo la
escalera casi sin apoyar los pies en los peldaños, grito -¿quién está ahí?- no
hay respuesta. Se acelera el corazón, se
entumece la sangre y la piel se eriza al coger el picaporte de la puerta del
desván. Sombras, humedad, alientos se
aventuran a mi rostro. Enciendo la luz y en la habitación la nada tendida a sus
anchas.
Graciela Giráldez –
Octubre 2012.
Publicado en la revista
Brotes digital nº 18 Diciembre del 2012
La nada, a veces, es como una mordedura de serpiente...
ResponderEliminarGracias Manuel por tu visita. Un Saludo
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