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La otra cara del amor


Hay que cuidar, hay que sentir la pasión de ese cuidado. De los cuerpos; que como la poesía busca el sentimiento oculto en la palabra. Refugiarse, dejarse absorber por la orilla que recrea el silencio, por ese místico peligro que invadía mi juventud y lo plasmaba en personas que no quería amar. 
Resulta extraño mirar las fotografías de una época que probablemente, acabó antes de que se dijese esa última palabra. Palabra que quedó tan clavada como el alfiler que mi hermana hundía en el borde del molde de costura. Juego ansioso derredor del papel, círculos, formas que terminarían en un traje. Quién lo vestiría… Recuerdo que mientras trabajaba comenzaba a indagar con esa voz tan solemne que penetraba en el oído. Sus ojos, faros de luz, alumbraban el camino hasta mis pies. Ella gritaba,  su niño lloraba y esa acción silenciosa no llegaba nunca. Yo quería partir hacia la carta que faltaba en la baraja que mezclaba nuestro padre en sus manos y arrojarme al mágico puente para dejarme  llevar por la posibilidad de enamorarme.  Me sanaba la conciencia el no saber  si ese amor me rompería el corazón. Me quería ir. Desaparecer como la carta de la baraja, huir de esa vampírica sombra de mi casa, pero me retenían.




Una noche que el arrepentimiento subía hasta el poste que ahogaba las olas de mi saliva, llegamos al acuerdo de ser eso que necesitábamos “hermanas e hijas”. Hijas de una madre que posiblemente lloraba allí donde se encontraba y hermanas porque ya no había nada que ocultarnos ni que preguntar; ya no había nada contaminado o enfermo  entre el sí y el no. Éramos una familia y había que aprender a cuidarse mutuamente. Había que buscar en cada rincón de la casa esa nota musical para no abandonar el sueño que prometía el espacio, había que sonreír sin obligación. El silencio ya no podía pretender la falta de comunicación,  no podía pretender que tomáramos la raíz del problema y la plantáramos en medio de la sala para regarla cuando otro alud tocara fondo en vez de buscar  la solución.

Hay que cuidarse; eso nos enseñaron y hoy las palabras en ceremonia viven en libertad.   

                                        Publicado en el libro Relatos y prosas en el año 2015

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