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Entradas

31 - Calladas palabras

En la callada voz sangran las palabras, se divide el   silencio y con los rebajes del tiempo fluye la mirada. Todo vuelve, llena el vacío y nada deja de estar quieto,   ni el ambiguo movimiento que olvido mi piel. El viento derrumba la señal de una sábana blanca, mientras la carne vibra al son de algún sentimiento que recrea   mi mente. Tiritante humedad de labios que no dejan de estar quietos, ni ocultos en el recodo de una línea que divide la visión y deja de ser parte de un todo. Cicatrizan las palabras en la voz aliviando el silencio, la ausencia. Me borra del cuerpo y me deja enhebrar antiguos sueños al mundo, a la urgencia de la locura y nada, nada deja de estar quieto; mientras oigo el retumbar de mi demencia en tus manos. La ansiedad libera los años de los versos y por un instante se me olvidan las agujas de la oscuridad marcando el tiempo. La garganta se adueña del grito y sella la pa...

Pequeños textos – El heredero

31 de marzo  Cuando salí del trabajo ya me había olvidado de lo bien que había despertado esta mañana y de la voz serena que me ayudo a dormir. Y no era para menos, la charla que mantuve con mi compañero de trabajo hacía que mi cabeza no parara de pensar. Me había dicho que tener un heredero era importantísimo y yo no tenía a nadie. Comencé a andar cada vez más rápido por las calles, trastabillaba queriendo huir de mi mismo, de mis pensamientos, de las palabras de mi colega. Me daba temor saber que andar por la vida solo era como si en un anochecer no hubiera sombras o fuera perjudicial para mi salud. Llevaba meses que el quejido no se escapaba de mis labios y me molestó que volviera de esa manera tan abrupta. Me senté en un banco del parque infantil que está cerca de casa y comencé a divagar con los ojos clavados en la arboleda que circunda el parque. Mis pensamientos flotaban por el aire y volvían a mí trastocando el saber de no tener heredero. ―A ver si voy a enferm...

7 - La roca

Soy algo diferente. Mis compañeras no entienden que aún recuerde al que tomo este cuerpo mudo entre sus manos y palmo a palmo, aspirando por la boca ese viento de junio, ancló su ternura, su olor, en estos poros. Corre por mis grietas el sudor de esa construcción que hace vibrar el alma, la voz. Esa voz que espera ser oída por la noche y es temida por trozos de arena.    Él, el que me tomó entre sus manos, palpó lentamente mis ropas: musgo, verdín, capa verde de agua dulce que marcan esas fallas enredadas de visiones, de calendarios y ausencias. Dejando en mi piel su tacto y, con firmeza y cuidado, me aferró al muro. Desbordan sus huellas en el recuento de mi memoria y entramado chirria su aliento en el trazo que envejece el aire. La gente pasa. Indiferentes dejan caer sus caricias   mientras sigo recordando al que como velo de lluvia dibujó paisajes en mi garganta. Y al llegar la tarde, el silencio hace carcasa cuando abro los ojos y observo esa mág...

Pequeños Textos - Resaca

30 de marzo  La resaca no me dejó tregua y en la oficina el silencio daba cátedra de profesionalidad, cosa que a mí me faltaba. Ya sé que la bebida no es la solución para todos males. Eso me lo dijo el padre Darío y también mi amigo, que no hace más que mandar audios de apoyo emocional. Tampoco había tanto para semejante resaca, me dolía todo el cuerpo y más que una resaca parecía una gripe lo que estaba pasando. Dejé el bolígrafo a un lado y con curiosidad comencé a observar cada rincón de ese cuarto que albergaba día a día a cinco empleados incluido yo. Parecían cuerpos llorosos donde los discursos se encerraban en sí mismos para luego marcharse con gestos dubitativos. Lo que no podía entender es que si yo estaba curado de espanto y ya ni siquiera gruñía, por qué me molestaba la presencia de ese silencio. Era como un mutismo sordo que me hacía doler la cabeza y cada vez el rencor de no saber por qué, crecía con más fuerza en mi interior.   Con esa actitud de fasti...

11 - Aire de vida

Necesito desvestirme, despojarme de las ropas. Dividir   los sueños que cada noche atrapan la almohada. Separarlos y ver cómo cae ese néctar que fluye por sus venas.    Necesito desvestir al mundo de esa esfera material, de su razonamiento y separar las balas de los cuerpos, las lenguas de las bocas, las agujas del reloj y mostrar ese disfraz que nos rodea. Necesito desvestir al mundo de esa pantomima que nos guía y apresa, que me envuelve con la promesa de algo. ―¿Algo? Otra vez… ―

Pequeños Textos - Recaída

29 de marzo  Después de una jornada intensa y pesada en la oficina, llegué a casa. Me acordé de la botella de vino tinto que guardaba en el armario. No sabía si estaba bueno o no, me serví un trago largo que disfruté pausadamente, el vino conservaba su cuerpo, color y trago y trago bebí  la media botella.   La falta de costumbre me trajo una pequeña embriaguez y un sueño profundo que me hizo olvidar por una noche de la gran desdicha.