domingo, 3 de abril de 2016

VIVIR LA SEMANA SANTA


La semana santa son esos días donde no importa tanto el trabajo sino el anhelo de hacerlo juntos, son días importantes en nuestra vida. Días en donde nuestras manos son una y elevan a la virgen al cielo. Por el mes de febrero empiezan a sonar nuestros tambores y bombos para que el toque sea perfecto, para que ese dolor que sintió María bendiga nuestros pasos en procesión. Cada día nos inunda una ilusión, ¡tal vez distinta!, pero desde el momento que vestimos a la virgen, hasta que se guarda el último enser, hacemos como un juramento interno, en silencio  y toda la cofradía brega, por un bien común.
Este año nos toca preparar la semana santa, representar al pueblo de Calanda en la ruta del tambor y del bombo y eso, nos une aún más. No importa el idioma que se hable, nos hermana un lazo tan fuerte como la FE, y así, nos vamos apoyando en escala descendente: las mayores a las medianas, las medianas a las pequeñas; las madres a las hijas, las tías a las sobrinas en confraternización para mejorar el toque entre risas y charlas. No falta nunca los momentos de tensión que como en toda familia se solucionan con la convivencia de nuestros ensayos tratando de transmitir  siempre nuestro fin determinado que es la adoración a la virgen.
Preparar la semana santa no es tarea fácil. No hicieron falta muchas llamadas para que nuestro si comprometido se uniera en hermandad.  ― ¿Este año somos protagonistas?: Sí ― y esperamos con mucha alegría subir al Nazareno al calvario y bajar el Cristo acompañado por nuestros tambores y bombos y por el pueblo entero. Esperamos también el pregón de María Jesús Aguilar, ese primer bombazo que dará Ana Luengo al romper la hora, el estar todas juntas alrededor del gigante bombo que el ayuntamiento coloca en la plaza mayor y hacer de ese sonido el latido de nuestro corazón.
Cómo vive la semana santa  nuestra cofradía “La dolorosa”, con sentimiento místico por nuestro amor a la virgen, con entusiasmo al sentir nuestros tambores y bombos, con alegría al ver a las niñas pequeñas coger los palillos del tambor  y pegar golpes al unísono. Con el esfuerzo y la voluntad que cada integrante de nuestra banda de tambores y bombos pone al asistir a cada ensayo. Con ilusión y esperanza cuando las costaleras se miden para encontrar su sitio bajo la peana  y con la devoción y el amor que mueve a cada cofrade de la dolorosa, todos los años en cada procesión y en cada momento de la semana santa.

Graciela Giráldez- Marzo 2016

1 comentario:

  1. Que bello relato Graciela, y que bonito tener esa fe tan grande compartiendo momentos tan especiales, en esos trabajos de preparación, para culminar en lo principal.
    Fue muy gustoso pasarme por aquí.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar