sábado, 3 de diciembre de 2011

CAMINOS, SUSPIROS, QUIMERAS



Rechinan las calles al compás de mis pasos que se aventuran a su mundo nocturno. Árboles acechan mis sueños, que delirantes, se apresuran a un ritmo vertiginoso. Suspiros entrecortados estimulan al corazón, despertando el pensamiento que naufraga en la memoria. Memoria que juega con tu cabello oscuro, en esta noche de julio.

Camino y busco entre baldosas rasgadas el motivo de este viaje. El horizonte humea colores en su profunda pasión, Buenos Aires me abraza, entregándome a su quimera y al calor de un bar que derrama el tiempo alrededor de mi cuerpo. Danzan mis sentidos en el espejismo de una mesa donde dos poetas bailan escribiendo un tango. Tango que respiro nota a nota y se entrelaza a mi pecho, haciéndome caer en la emoción de extrañarte, en la nostalgia de no oírte, de no mirarte, y en la inquietud de amarte.

Un charco de agua juega con el reflejo de una luz que se estrella en la acera gastada, dibujando tu rostro, avivando mis ganas. Creo haber despertado del espejismo que queda bailando en el recuerdo de un silencio roto por una voz que me llama. Caigo en la cuenta del no despertar y veo tu sombra bailar por la iluminada Av. Corrientes y me perdiendo, entre la gente que me mira con cara de asombro.

Fría noche de julio penetra por mi abrigo, mi memoria se duerme agazapada en un rincón, avivándome en esta entelequia. Sigo mi camino y entro a un teatro, quiero soñar, que me esperas en el escenario.

Graciela Giráldez

Del poemario “Entre la utopía y la distopía”


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