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EL VIENTO Y LA HOJA


"No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza,
pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera"


Algún día, una hoja movida por el viento llegará a ese  lugar donde los recuerdos se vestirán de águila y arrasará el tiempo, el espacio y hasta se dirá que ella desató los nudos de un cielo endemoniado y lleno de herrumbres.

Este aleteo mágico se adueña y se abriga en el tejido sensible que cubre mis ojos. Una lágrima se escapa, no puedo evitarlo, cuando el águila se posa en ese árbol que tiene nuestros nombres grabados en uno de sus troncos. El adiós, tallado también a cuchillo, vuelve a cortejar mi cabeza para salir de su embalaje y extenderse como un velo tramado en las alas del águila.

Cada primavera entrego al viento una combinación de pesares. Porque he comido de esa copa de nieve, cuando el miedo al desnudar la memoria atrapó ese liquido que deja el aire y formó cicatrices en el cuenco donde una vez estuvieron mis ojos.

La metamorfosis mía y de este mundo que cierta vez conocí, quedo sonámbula, cuando la razón de la existencia bloqueo las palabras que resbalaron por mi tráquea. No descubrieron la textura del diálogo, fueron impronunciables y albergadas en mi alma. Como un vampiro arrebuja la última gota de sangre antes de engullirla.

El águila agitó su vuelo y una nueva visión germina en la comisura de mis labios. Soy hoja que el viento mueve y mi vuelo besa esos trazos color cobre, recién cosechados del futuro.

El universo tiembla.

Mi garganta ya sabe cómo hablar porque el deseo intenso y vehemente, por el cual existo, desbordó mi alma y puede que ese pedido sea determinante para el desarrollo de mi vida.

El recuerdo se desnuda de su disfraz de águila y vertiginosamente se  abre camino por los muros de las calles que surcan el pasado. El sueño que tuve un día y que esquematizó mi conciencia descansa bajo la hierba que creció por donde mis pies anduvieron.  

Y hoy, que todo parece más fácil, encontraré otros labios ávidos por aprender el lenguaje que habita en mi interior.

Graciela Giráldez – Enero de 2016

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