Aquí comparto otra tirada de la revista brotes digital donde han publicado otro de mis relatos en la sección "Aventuras en verso" Página nº 20
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El suceder de las cosas
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El suceder de las cosas
Unos
ojos cambiaron el sentido de mi sufrimiento y empezaron a suceder cosas en mi
cuerpo. El primer cambio fue la voz. Se fue el chillido de la infancia y la
agudeza que tenía mi voz en la juventud emanó hacia un nuevo centro. Ahora es
grave, parece que saliera de debajo de mi garganta. He de acostumbrarme a su
nuevo sonido, a su nuevo eco, que sólo repite lo que no quiero escuchar. Le
siguieron las manos. Que cuando se dieron cuenta estaban vacías y huecas;
acariciándose la una a la otra y escribiendo, lo que no quiero leer. Luego siguieron los pies. Que
no supieron detenerse y llegaron a tocar los objetos que la soledad deja morar en un tiempo que no se puede ver, pero sí
sentir.
También
cambiaron mis sentidos y también, sucedieron cosas. El mundo se despobló en el
umbral de mis labios y me abandoné en el peligro de no decir nada. Insistí en
la búsqueda del significado del miedo, cuando el perfume de esos ojos me hacía
soñar cosas, desconocidas para mi alma. Y lentamente comprendí, que lo que hoy muere ante mis ojos también va
cambiando de forma, como mi vida, que antes estaba llena de visiones y figuras
y hoy sólo tiene temores y deseos no cumplidos.
Así,
fueron sucediendo las cosas, me volví más vieja y no sé cuando paso. El
recuerdo me volvió más vulnerable y esos ojos me roncaron la voz. Yo sé que es
imposible la eternidad y se acerca despacio ese tiempo de la madurez, de la
soledad, como cuando me acerco al espejo para ver mi rostro sucedido por el
tiempo.
Esos
ojos, dueños de la ausencia se multiplican en la noche, mientras me pierdo en la oscuridad del suceder
de las cosas.
Graciela Giráldez – Marzo de 2015
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